Ovidi Benet

Ovidi Benet. Denia, Alicante 1990

Ovidi es un diseñador y artista visual que nace con el arranque de la década de los noventa,
unos años marcados por una prosperidad artificiosa en las economías modernas y la consagración de una
globalización que será el germen de muchos de los problemas a escala global que, hoy, treinta años después,
enfrentamos.
Estudió diseño en la Escuela de Arte 10º de Madrid y en el Istituto Europeo di Design así como en otras escuelas
internacionales como Domaine de Boisbuchet, en Francia. Sin embargo, su trabajo es fruto de un viaje a través de
un mundo matérico de vanguardia y un universo espacial que pretende romper con el academicismo adquirido
durante todos sus años de aprendizaje, con el objetivo de difuminar la linea entre arte y diseño. Compone, así, un
retrato generacional que combina el desencanto y la búsqueda de una nuevas expresiones. Esto se plasma en
una impronta artística configurada desde la acción de destruir para reconstruir. Así, Ovidi determina su misión de
‘no-objeto’, es decir, entender el diseño desde la vocación primitiva de su función, aportando veracidad al elemento
y cubriendo una necesidad en el usuario, pero no una necesidad visual caprichosa.
En ese sentido, en la obra de Ovidi, cada objeto esconde un pensamiento critico y social. Un cuestionamiento
acerca del diseño y su valor estético-funcional y de cómo es percibido por el individuo. Se destruye lo
‘sobrediseñado’ y pierde la banalidad del ornamento para adquirir, finalmente, un objeto estructural e inadecuado.

 

Sinopsis «Under Destruction»

Las nuevas generaciones de pensadores y creadores ven en la destrucción el fin de un ciclo para avanzar hacia
otro, un futuro que ya está aquí y que exige compensar los efectos del periodo anterior, en una unión
imprescindible de la ética y la estética de manera transparente, consecuente y horizontal.
Es así como nace un proyecto, UNDER DESTRUCTION, en el que su propia concepción es construida desde su
destrucción, en el que ésta nos transforma, consiguiendo que mute nuestra actitud y propiciando, como resultado,
un cambio.
Salimos en búsqueda de la belleza en medio del caos: observamos el instante después de la tragedia.
Ese segundo sublime en el que todavía no hemos entrenado la mirada, en el que esa nueva sensación nos
cambia.
He aquí un espacio construido y esculpido a través de su propia destrucción. Una transformación en la que el
visitante es artífice, a golpe de martillo, en la revelación de la luz que esconde la decadencia y la configuración de
una expresión artística colectiva.