Exposición actual

MORIPOD – Nacho Carbó.

 Hoy no son más que un recuerdo, conservado detrás de pantallas de cristal. Alojados en sitios web dispersos, los antiguos residentes de los Crescents se cuentan cuentos sobre cómo se veía entonces el futuro.

La vida secreta de los edificios. Edward Hollis (A propósito de los Hulme Crescents de Manchester, hoy desparecidos).         

                                                         

El paseo. Panorama (Barrio de Velluters).

A comienzos del XIX, Kart G. Schelle propone como solución al peligro de perder el sentido de la ciudad y el estrechamiento de la mente, contactos ocasionales con la naturaleza. Ya en el siglo XX, Walter Benjamin señala una doble emancipación: la de la arquitectura respecto a las construcciones de hierro, y la de la pintura respecto a los panoramas. Estos últimos aplicaban la tecnología a lo pictórico, ofreciendo en un interior la experiencia de horizonte. Entre sus posibilidades estaba la de introducir la naturaleza en un espacio cerrado, en un contexto urbano.

La Notte (Galería. Interior).

En los años veinte del siglo pasado, el arquitecto Frederick Kiesler presenta su proyecto Endless house, una maqueta biomórfica que se presenta como una nueva tipología de casa, y que anula la idea de esquina. En la siguiente década, 1.200 sacs de charbon de Marcel Duchamp favorece el tratamiento del espacio expositivo como una entidad-cáscara flexible, que modifica la lectura de la arquitectura galerística. Esta operación expositiva contribuye a la mutación del muro-soporte, en un agente vivo que asume ser un espacio ilusorio y real al mismo tiempo. En los años sesenta, se estrena La Notte de Michelangelo Antonioni. El director asocia el sentimiento de alienación de sus personajes, a una arquitectura que les supera. Antonioni les otorga un cobijo ante la deshumanización del edificio moderno: un pequeño trozo de cielo entre varios bloques, o la posibilidad de verse a sí mismos reflejados en el cristal de un escaparate, un portal, etc. (Jeanne Moreau reparte su mirada entre el exterior, su reflejo en un cristal y un interior, desde el que otro personaje la mira por un instante).

Pasillo y bruma (Moripod).

A comienzos de los años treinta, en su Proyecto para un pasillo, Alberto Giacometti nos invita a pasar por una serie de dependencias conectadas por pasajes. Se trata de un laberinto que ofrece una recreación de formas humanas o animales y que, a su vez, evoca las cuevas que frecuentaba el artista en su infancia, algo que puede ser visto como una fantasía originaria de existencia intrauterina. Moripod (de Bombix mori -gusano de seda- y pod o receptáculo) es un proyecto que parte de la disolución de la borrosa frontera entre arquitectura y escultura. A partir de aquí, se juega con la escala, y con el hecho de que el dispositivo principal de la exposición, que “germina” en la calle, tiene su continuación derridiana y epidérmica en una abertura en el muro de la galería. Su prolongación hacia otro lugar mental es dirigido mediante su registro en una serie de grabados en silicona. Estos nos remiten, de nuevo, a la pieza central, que ahora es vista desde dentro, generando un desplazamiento del espacio, y del espectador, hacia la calle.

 

Adviértese luego que la educación de los gusanos de seda no puede prosperar sin el socorro del cultivo de la morera, árbol que sin este aprovechamiento es poco menos que inútil.

Diccionario de bibliografía agronómica. Bráulio Antón Ramírez.

Francisco  Ramallo . Ctítico de arte